En 2025, El Salvador enfrenta una preocupante situación económica marcada por un alto endeudamiento y una baja inversión extranjera directa. La deuda pública total del gobierno supera los 33,000 millones de dólares, lo que representa aproximadamente el 93.5% del Producto Interno Bruto (PIB), el porcentaje más alto en Centroamérica y uno de los más elevados en América Latina. Esta cifra incluye tanto deuda externa como interna y compromisos con los fondos de pensiones, evidenciando una significativa carga fiscal para el país que limita recursos para inversión pública y crecimiento económico.
El endeudamiento ha crecido aceleradamente, con un aumento significativo en la deuda externa y una creciente carga en el servicio de la deuda. Para 2025, el servicio de la deuda absorbe cerca del 28.8% del presupuesto nacional, superando incluso el gasto combinado en sectores vitales como salud y educación. Esta situación limita la capacidad del Estado para destinar recursos a áreas sociales claves, y es resultado de una política fiscal expansiva que prioriza el gasto frente a la sostenibilidad fiscal, además de la incorporación de nuevos préstamos bajo acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para cerrar la brecha fiscal.
En cuanto a la inversión extranjera directa (IED), a pesar de los incentivos otorgados por el gobierno, El Salvador muestra bajos niveles en este indicador. En 2024, la IED fue negativa, y no se observan señales claras de recuperación para 2025. El país atrajo apenas el 4.7% de la inversión extranjera captada en Centroamérica, lo que limita aún más el desarrollo económico, la creación de empleo y afecta la percepción de estabilidad y confianza en el mercado salvadoreño.
En términos de crecimiento económico, El Salvador tiene una proyección moderada para 2025. Según la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (Secmca), el PIB crecerá un 2.9%, cifra en línea con proyecciones del FMI que estiman un crecimiento de 2.5%. Aunque existe resiliencia en la región, factores como la incertidumbre global, tensiones comerciales, y riesgos climáticos extremos representan desafíos para el desarrollo económico.
En síntesis, la combinación de una deuda pública elevada, una política fiscal expansiva y la baja inversión extranjera directa genera un escenario económico complicado para El Salvador en 2025. Aunque hay esfuerzos para consolidar la deuda y apoyar la recuperación económica con la colaboración del FMI, el impacto social y económico de estas medidas sigue siendo alto, y los retos para alcanzar un crecimiento sostenible y mejores condiciones sociales persisten.