El Salvador está entrando en 2026 con una deuda pública que ya equivale, prácticamente, al tamaño de toda su economía, y con un Estado que ha convertido los ahorros de los trabajadores para su vejez en una de sus principales fuentes de financiamiento. Detrás de los discursos de estabilidad y crecimiento, las cifras oficiales muestran un país que vive endeudado, paga intereses millonarios cada día y traslada el riesgo fiscal al sistema de pensiones.
1. Una deuda que casi iguala el tamaño del país
- La deuda pública total, incluyendo pensiones, ronda los 33 mil millones de dólares, es decir más del 90% del PIB, uno de los niveles más altos de la región.
- Solo entre 2024 y 2025, el endeudamiento aumentó más de 1,600 millones de dólares, lo que significa que el gobierno sigue cubriendo gastos corrientes y obligaciones antiguas con deuda nueva.
- Un porcentaje importante de esta deuda paga intereses de entre 6% y más de 9%, encareciendo el servicio de la deuda y reduciendo el espacio para invertir en salud, educación e infraestructura.
La foto de conjunto es la de un país que cada año produce 100 dólares de riqueza y ya debe cerca de 90; al mismo tiempo, el fisco destina miles de millones en intereses para mantener a flote ese esquema.
2. El papel oculto de los fondos de pensiones
- Del total de la deuda, más de 11 mil millones de dólares corresponden al sistema de pensiones, es decir, a obligaciones que el Estado tiene con los propios cotizantes.
- Esa deuda previsional se materializa en instrumentos como los Certificados de Financiamiento de Transición (CFT) y los Certificados de Obligaciones Previsionales (COP), que son títulos que el gobierno coloca directamente en los fondos de pensiones.
- En la práctica, el Estado toma prestado el ahorro de los trabajadores para financiar su presupuesto, a cambio de un papel que promete pagar en el futuro, muchas veces con tasas que él mismo define.
Esto crea una relación perversa: el gobierno se presenta como “garante” de las pensiones, pero al mismo tiempo es el principal deudor del sistema. Si el fisco entra en problemas de liquidez, quienes corren el mayor riesgo son los mismos cotizantes.
3. Cómo se está usando el dinero de las pensiones
- En los últimos años, el gobierno ha seguido emitiendo más deuda ligada a pensiones para cubrir necesidades de caja, incluyendo vencimientos de deuda vieja, déficits fiscales y otros compromisos del Estado.
- En un solo año se han sumado cientos de millones de dólares en nuevos títulos previsionales, al mismo tiempo que se reduce algo la deuda interna “tradicional”, lo que sugiere un cambio de acreedores: se paga a unos usando el ahorro de los trabajadores.
- Lejos de ser un “fondo intocable”, las pensiones operan como una caja casi automática de financiamiento barato y políticamente menos visible que colocar bonos en mercados internacionales.
El problema no es solo contable: cada dólar que se usa hoy para tapar huecos fiscales es un dólar que deberá pagarse mañana a jubilados y futuros pensionados, en un contexto donde la población está envejeciendo y la base de cotizantes no crece al mismo ritmo.
4. Riesgos para el futuro de los pensionados
- El propio FMI y estudios actuariales advierten que el esquema previsional actual es inviable a largo plazo si se sigue cargando al Estado con más deuda y si las reglas de jubilación no cambian.
- La presión para “hacer sostenible” el sistema suele traducirse en propuestas de subir la edad de retiro, aumentar años de cotización o reducir beneficios reales, es decir, que los trabajadores paguen el costo del sobreendeudamiento.
- Si el gobierno no corrige el rumbo, existe el riesgo de que en algunos años se enfrenten retrasos en pagos, recortes de beneficios o reformas de emergencia que sacrifiquen la calidad de las pensiones.
En otras palabras, el Estado gana liquidez hoy, pero los trabajadores asumen el riesgo mañana. El lenguaje técnico del endeudamiento encubre una realidad simple: la jubilación futura de millones está siendo hipotecada.
5. Lo que esta situación “desnuda” del modelo actual
Esta combinación de deuda alta, uso intensivo de fondos de pensiones y dependencia del financiamiento externo revela varios rasgos del modelo fiscal salvadoreño:
- Un Estado que gasta sistemáticamente más de lo que ingresa y prefiere endeudarse antes que abrir un debate serio sobre impuestos progresivos y prioridades de gasto.
- Un sistema de pensiones convertido en fuente estructural de financiamiento del gobierno, más que en un verdadero fondo de ahorro protegido para la vejez.
- Una sociedad que, muchas veces, no ve la dimensión del problema porque la discusión se queda en cifras técnicas y no se traduce en preguntas concretas: ¿habrá dinero para mi pensión?, ¿qué calidad tendrá?, ¿cuánto de mi ahorro ya se gastó el Estado?
Fuentes:
- Ministerio de Hacienda de El Salvador, estadísticas de deuda pública y deuda previsional (informes 2024–2025).
- Banco Central de Reserva de El Salvador, datos de PIB y finanzas públicas (series 2024–2025).
- Infobae, “La deuda pública de El Salvador superó el 89% del PIB hasta noviembre de 2025” (enero de 2026).
- La Prensa Gráfica, sección Economía, notas sobre deuda pública y sistema de pensiones (octubre–diciembre de 2025).
- Pension Policy International, “El Salvador: deuda del Estado con pensiones supera los 11,000 millones” (2025).
- Fondo Monetario Internacional (FMI), informes y comunicados sobre El Salvador y su sistema previsional (misiones 2024–2025).