Nayib Bukele ha redefinido la política salvadoreña, ascendiendo al poder mediante la estratégica utilización y posterior ruptura de estructuras partidarias tradicionales. Su paso por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) comenzó con cargos municipales, pero terminó en 2017 tras disputas que revelaron profundas divisiones con la dirigencia. Tras esta expulsión, Bukele no titubeó en aprovechar otros partidos pequeños, como Cambio Democrático y, en última instancia, GANA, para avanzar su candidatura presidencial; ambos vehículos fueron empleados hasta que Nuevas Ideas, su plataforma personal, pudo consolidarse como fuerza electoral dominante. Este método evidencia un patrón de “canibalismo político”: Bukele absorbió recursos y base social de los partidos que lo acogieron y, una vez lograda su meta, los dejó debilitados o relegados, borrando los contrapesos tradicionales y centralizando el poder alrededor de su liderazgo.
La política del descarte y la instrumentalización de partidos ajenos culminó en la victoria presidencial de 2019 y la posterior conquista total de la Asamblea Legislativa en 2021. Este ascenso acelerado, sin ataduras ideológicas estables, se acompañó de un despliegue mediático moderno y la hostilidad hacia espacios de oposición.
El nexo con Venezuela y Alba Petróleos agrega otra capa de interrogantes y visibilidad internacional. Investigaciones periodísticas verificadas documentan que empresas vinculadas a Bukele recibieron millones de dólares en préstamos de Alba Petróleos —una compañía creada por el FMLN en sociedad con PDVSA y sancionada por EEUU por sus relaciones con el gobierno venezolano. Estos fondos se destinaron parcialmente a proyectos urbanísticos durante su alcaldía y a capitalizar empresas del círculo cercano, como Starlight y Inverval. Auditorías independientes y fiscales han señalado que parte de la estrategia de Alba Petróleos para el lavado de dinero fue el otorgamiento de préstamos a empresas sin recuperarlos, canalizando recursos de origen venezolano hacia proyectos asociados con Bukele y varios integrantes de su equipo.
A pesar de los señalamientos y las investigaciones por lavado de dinero que involucran a Alba Petróleos, Bukele ha mantenido que sus negocios no fueron directamente con ellos, sino con empresas relacionadas, aunque las auditorías verifican el flujo de fondos desde Alba hasta su entorno inmediato. Este episodio muestra la complejidad de sus alianzas y la dimensión transaccional de sus estrategias políticas y empresariales.
La política salvadoreña ha sido transformada por la táctica del canibalismo político y las conexiones comprobadas con empresas bajo investigación internacional. La consolidación del poder en torno a Bukele, desde plataformas prestadas hasta la creación de un partido propio, y la canalización de fondos externos en momentos clave, exponen los riesgos y las contradicciones de la nueva configuración institucional en El Salvador.