Por años, El Salvador ha visto cómo figuras extranjeras han incidido—de forma visible o discreta—en los destinos del país. Sin embargo, pocas veces esa influencia se ha ejercido con la opacidad y el impacto atribuidos al círculo asesor encabezado por Sara Hanna Georges, odontóloga y consultora política venezolana, nacida en 1988, quien pasó de ser asistente del líder opositor Leopoldo López a convertirse en la figura articuladora de un “gabinete a la sombra” con acceso directo a las decisiones del presidente Nayib Bukele.
Un grupo foráneo con poder local
El corazón de este poder extranjero está compuesto principalmente por venezolanos ligados a la oposición antichavista y al partido Voluntad Popular. Destacan tres nombres:
- Sara Hanna Georges: líder, estratega política y de comunicación, con antecedentes como asistente de Leopoldo López y Lilian Tintori.
- Miguel Sabal: encargado de logística y tecnología—clave en la implementación de Chivo Wallet—y de procesos de reclutamiento, con adquisiciones inmobiliarias en el país.
- Miguel Arvelo: responsable de temas de salud y operatividad del gobierno, recordado por su rol en la gestión de emergencias durante la pandemia.
Investigaciones periodísticas señalan que este grupo ha impartido instrucciones directas a ministros y altos funcionarios en áreas críticas como salud, economía y seguridad, reportando únicamente a la familia presidencial—especialmente a Karim y Yusef Bukele. Esta modalidad, según analistas como la politóloga Carolina Jiménez de la Universidad de Costa Rica, no tiene precedentes recientes en la región, salvo contadas excepciones durante crisis de gobernabilidad.

Arquitectos de la imagen oficial
El papel de Hanna Georges no se limita a la asesoría política interna. Fuentes consultadas señalan que fue arquitecta de la estrategia digital y redes sociales que catapultó la imagen de un Bukele audaz e hiperconectado, modelo replicado por campañas oficialistas en elecciones recientes. Asesores a su cargo supervisaron la redacción de discursos y definieron la narrativa central de programas insignia del gobierno. El politólogo Marvin Aguilar sostiene que nunca antes un equipo tan cerrado había dirigido, con tanto poder y discrecionalidad, las campañas y comunicaciones estratégicas del Ejecutivo salvadoreño.
El costo invisible: opacidad y controversias
El gabinete venezolano opera bajo un manto de opacidad. No existen registros públicos de sus contratos, honorarios ni funciones formales dentro de la Presidencia; esta ausencia de transparencia ha provocado cuestionamientos sobre el manejo de fondos estatales y la concentración de poder. Fuentes oficiales contactadas para este reportaje no respondieron a solicitudes de comentario, mientras que el partido Nuevas Ideas se ha limitado a señalar que “los asesores extranjeros cumplen un papel exclusivamente técnico”.
Entre los señalamientos más graves está la presunta relación de Sara Hanna Georges con Raúl Gorrín, empresario venezolano bajo investigación en EE.UU. por lavado de dinero. Documentos filtrados de la Embajada estadounidense revelan que en 2019 se advirtió a la Casa Blanca sobre supuestos nexos entre estructuras del régimen venezolano y la campaña de Bukele. Hasta la fecha, ninguna autoridad salvadoreña ha desmentido categóricamente estos informes.
Caso Catedral y el control institucional
En 2020, el nombre de Hanna Georges emergió en el llamado “Caso Catedral”, una investigación de la Fiscalía sobre supuestos actos de corrupción ligados a la familia Bukele y a su círculo asesor. El expediente atribuía a este grupo funciones que, de facto, lo situaban como el “centro de poder” detrás de las decisiones estatales. El caso se archivó abruptamente tras la destitución del Fiscal General en mayo de 2021 y la disolución del Grupo Especial Antimafia—a cargo de las pesquisas—por la nueva Asamblea Legislativa. Al menos tres fiscales del proceso buscaron asilo en el extranjero denunciando persecución y amenazas.
La opacidad sobre los resultados y la falta de rendición de cuentas convirtieron el Caso Catedral en símbolo del control ejecutivo sobre las instituciones de justicia. Transparencia Internacional y organismos de derechos humanos han advertido que tales episodios debilitan el Estado de Derecho y consolidan prácticas de hiperpresidencialismo.
Un fenómeno extendido en la región
La influencia de asesores extranjeros en el poder no es exclusiva de El Salvador, pero nunca antes un círculo foráneo había alcanzado una posición tan determinante, ni operado con semejante reserva. Experiencias comparables en Honduras y Guatemala tuvieron un menor impacto sistémico y estuvieron más expuestas al escrutinio público. Politólogos locales consideran que el modelo salvadoreño podría convertirse en referente para futuros liderazgos populistas en la región, especialmente por su uso combinado de comunicación digital, estructura cerrada y baja transparencia.
El poder real, más allá del cargo

Mientras el Ejecutivo sostiene que su vínculo con asesores “no trasgrede la ley ni la soberanía”, los hechos documentados y la ausencia de desmentidos refuerzan la percepción de que el rostro público de Bukele solo representa la punta de un complejo entramado de poder. Las investigaciones sobre contratos, el manejo de fondos destinados a proyectos como Chivo Wallet y la silenciosa salida de fiscales clave continúan alimentando las dudas sobre el verdadero alcance del “gabinete a la sombra”.
Hoy, el poder en El Salvador parece residir en un círculo selecto y reservado: un equipo de asesores venezolanos que, desde las sombras, define el rumbo del país, más allá de las instituciones, el escrutinio o la ley.